El equipo soñado. 20 goles de perfil, Banda Oriental El equipo soñado. 20 goles de perfil, Banda Oriental

El equipo soñado. 20 goles de perfil, Banda Oriental

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$U 460

Selección y prólogo de Roberto López Belloso.

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Descripción

En los años 40, los hermanos Magariños Pittaluga celebraban el “fútbol heroico” que fue la base del estilo de juego rioplatense; un fútbol que se practicaba en los baldíos con pelotas de trapo, de goma o de papel. A fuerza de contar la historia del “fóbal” criollo, de cómo las muchachadas montevideanas se apropiaron del deporte de “los ingleses locos” de Punta Carretas, los hermanos Magariños Pittaluga inauguraron un imaginario y una tradición. El equipo soñado. 20 goles de perfil, una antología de crónicas de fútbol seleccionadas y prologadas por Roberto López Belloso, es una excelente celebración del imaginario futbolero criollo que se fue construyendo discursivamente a lo largo del siglo XX. Las crónicas atraviesan un arco temporal de más de 80 años: desde un reportaje de Giselda Welker para la revista Rush a mediados de los años 30 hasta un texto de Sebastián Chittadini que había sido concebido como una entrada de blog. El género que elige el antólogo es el perfil, una elección que privilegia la textura narrativa a la inmediatez de la primicia deportiva. El otro criterio de selección es que los cronistas sean uruguayos o estén radicados en Uruguay, más allá de que algunos de los perfilados sean futbolistas extranjeros.

Por estas crónicas desfilan los grandes cracks de la historia futbolística uruguaya y sudamericana, así como figuras que han caído o probablemente caerán en el olvido de los hinchas. Estas últimas son el tema de algunos de los perfiles más interesantes del volumen. Es el caso de la crónica de César Bianchi sobre Robert Carmona, el jugador más viejo del mundo. A sus 55 años, Carmona es la encarnación de dos características claves del imaginario futbolero uruguayo (la garra y la viveza criolla), ya que no sólo continúa militando en clubes desconocidos del ascenso, sino que además ha conseguido que organizaciones como la FIFA y Guinness World Records reconocieran su logro. Por eso López Belloso, el DT de El equipo soñado, antepuso el mérito de los cronistas (o de las crónicas) al de los futbolistas.

El formato de la crónica es fértil en la captura de lo doméstico, lo extradeportivo o lo que Eduardo Galeano denominaba “los suburbios” del futbolista. En un exquisito perfil sobre Mario Stipanicic, arquero de Wanderers en 1934, Giselda Welker induce al hermano del jugador a que le cuente todo lo que este no quiere confesarle: la afición de Mario por construir modelos “científicos” de barcos y aeroplanos, los orígenes yugoslavos de su familia y la relación amorosa que mantiene con su novia desde hace dos meses (“una ‘enormidad’ de tiempo”, según el arquero).

En este aspecto también se destacan los perfiles que retratan a los grandes cracks del fútbol sudamericano. A lo largo de la colección se suceden diapositivas memorables. En una crónica de El Hachero (Julio César Puppo) de los años 40, vemos a Leandro Andrade vistiendo un quimono de seda entre “doncellas” parisinas, en el esplendor de su carrera deportiva, y unos párrafos más adelante, olvidado en un sanatorio para enfermos pulmonares. Mario Delgado Aparaín retrata a Obdulio Varela riéndose a carcajadas mientras ve dibujos animados (Tom y Jerry) en la televisión. En su crónica sobre Pelé, Galeano entrevista al astro brasileño mientras este está resfriado, en un cuarto de hotel, antes de un match con Peñarol y lo interroga sobre su lista de lecturas: Problemas entre padres e hijos, Sobre el amor y la felicidad en el casamiento, etcétera.

Uno de los méritos de la antología es que logra ensanchar la concepción de la crónica deportiva como formato literario y periodístico. El antólogo muestra las primeras innovaciones técnicas de la mano de Julio César Puppo, quien recurre a una fragmentación que se aleja del cuadro de costumbres tradicional. Muchas de las crónicas se entrecruzan con otros géneros y registros: la necrológica, el poema, el ensayo y la pintura expresionista. El texto de Daniel Gatti sobre el jugador brasileño Sócrates deviene una reflexión ensayística sobre el interrogante de si existe un fútbol “de izquierda” y otro “de derecha”. Por su parte, el notable texto de Ramón Mérica sobre Fernando Morena no sólo intercala la historia del goleador histórico de Peñarol con la muerte de Atilio García, sino también los diferentes modos discursivos: la (des)grabación, la fotografía e incluso la pieza teatral.

Otro logro del volumen es la relación de simetrías que el lector puede establecer entre los diferentes perfiles, simetrías que nos revelan aspectos importantes de la historia del fútbol y del periodismo deportivo en Uruguay. Se produce una relación simétrica entre Obdulio Varela reclamando por el fútbol de la “pelota de trapo” (evocación de otro imaginario criollo, el que construyó Borocotó en las páginas de El Gráficoen los años 30 y 40) y el Chengue Richard Morales encarnando los “viejos valores” que suelen exigir los hinchas “obdulistas”, en la crónica de Chittadini.

Otra simetría se produce entre los perfiles sobre arqueros, ambos escritos por mujeres. La antología empieza con el perfil que hace Welker de Stipanicic. El penúltimo perfil, escrito por Carla Rizzotto, trata de un arquero que, según el compilador, “es apenas una línea en la borgeana antología de goleros de la posteridad”: Esteban Conde. Entre una crónica y la otra se juega uno de los partidos más importantes de esta antología: el del fútbol de mujeres. El perfil que hace Patricia Pujol de Sarita Figueras Sánchez, ex jugadora de la selección uruguaya de fútbol y fútbol sala, es prueba fehaciente de que las futbolistas ya no están confinadas al espacio de la tribuna, pero todavía atraviesan condiciones deportivas vinculadas al amateurismo.

El equipo soñado termina con una reflexión sobre la crónica como tecnología de representación y, por extensión, sobre la relación que existe actualmente entre la crónica y las tecnologías de la era digital. El último perfil de la antología, el de Rómulo Martínez Chenlo sobre Luis Suárez, propone que algo de lo que transmitía la crónica de los primeros tiempos, como las de Lorenzo Batlle en los Juegos Olímpicos de 1924, no puede ser capturado por las nuevas tecnologías digitales, como el HD televisivo. La sintaxis de Martínez Chenlo procura capturar el dribling de los artilleros criollos a través de trazos expresionistas que comparan el juego de Suárez con el de Pedro Perucho Petrone casi 100 años atrás. De esta manera, la crónica nos retrotrae a los primeros textos que trataron el fútbol en Uruguay, como el poema de Juan Parra del Riego sobre Isabelino Gradín. Es un excelente final para la antología, porque al evocar los imaginarios del fútbol criollo siembra una incógnita: ¿hasta qué punto, en el deporte y en las letras, debemos ser fieles a la tradición?

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